La liviandad, la violencia exacerbada y la impunidad que caracteriza a buena parte de lo que circula por las redes sociales suele ser prácticamente una incitación a la justicia por mano propia.
Nadie tiene reparos en pedir la cabeza del otro, insultarle a la familia o adjudicarle un delito aunque no le conste, carezca de pruebas o ni siquiera sea lo suficientemente verosímil.
Ante la publicación de la noticia de un médico acusado de abuso sexual a un niño de su entorno familiar, hecho sin dudas aberrante, en los comentarios de nuestra edición digital se cuestionó que no figuraba el nombre del denunciado.
No hacer público su nombre es para proteger al chico, no al adulto. La sola mención del apellido puede permitir identificar a la víctima.
Sin embargo, el medio de comunicación que respeta la normativa que rige en este tipo de hechos, es vituperado por el comentarista de turno que pide sangre con la facilidad con otro llama a un taxi.
En el plano político, cuando no se coincide con los dichos de la Presidenta o el político equis, las calificaciones hacia su persona son irreproducibles.
Se dirá, a manera de disculpa o justificación, que los comentarios de los lenguaraces se publican en los muros personales de Facebook o Twitter. 
Pero también es cierto que la dinámica que tienen estas redes   muestran que basta una chispa para detonar un incendio a escala global.
La viralización de palabras e imágenes es un proceso tan simple y del que muy pocos son conscientes del daño que puede llegar a producir.
Como todo fenómeno relativamente nuevo, no hay demasiada jurisprudencia en la materia, pero sí casos testigo que, paradójicamente, no circulan ni se difunden lo necesario para informar y formar en la materia.
La posibilidad de usar nombres de fantasía, seudónimos u otras alternativas, facilita aún más la acechante impunidad.
De esa manera, puede pedirse perpetua para el jugador que se perdió un gol increíble o caer en la violencia de género de la forma más burda con supuestos chistes o videos machistas.
No hay mejor filtro para estos desmadres que la reacción crítica de los demás. 
Si se festejan los exabruptos y el ataque per sé, no esperemos que estos maravillosos canales dejen de ser esas cloacas virtuales que son la mayor parte del tiempo gracias a ciertos personajes.

(Diario UNO, 10 de junio de 2015)
Quién iba a decirlo, a vuelta de página, terminó siendo Jaime Suárez el que dio en la tecla.
Cuando el año pasado pergeñamos la sección Da la nota, como parte del rediseño de Diario UNO estrenado en noviembre de 2014, la idea era que él ilustrara cada domingo la figura de la política, el deporte, la cultura o el mundo del espectáculo, que esa semana hubiera dado que hablar. 
Era, según creíamos entonces, un complemento estético del texto. Error. Al cabo de unos pocos fines de semana, quedó claro que no se trataba de una mera caricatura sino de una interpretación del personaje en cuestión.
Hoy, esa página sería impensable sin su arte. Es más, el día que nos reunimos para analizar quién ha dado la nota, pensamos más en cómo se verá él o la elegida al pasar por el tamiz de Jaime que en las razones de por qué fue noticia. 
En cierta forma, siempre queremos darle materia prima para que se luzca y el resultado, que está a la vista en esta exposición, confirma nuestro modesto olfato. 
Jaime ha logrado, mérito suyo sin duda, que lo primero que se busque en el suple DOS sea su caricatura de Da la nota.
Qué mayor premio para alguien que a través del arte consigue abordar la realidad desde un lugar amable sin por ello renunciar a una mirada crítica. 
La celebración de los 22 años de Diario UNO es una buena excusa para reunir arbitrariamente 22 trabajos de los tantos que llevan la firma J.S. y compartir sus creaciones más allá de las páginas.
Antonio Casas era, hasta hace unos días, un docente sólo conocido por  la comunidad escolar del colegio Nicolás Avellaneda, de Palmira.
Pero bastó un hecho de violencia, lamentablemente ya no infrecuente en cualquier establecimiento de la provincia, para que su nombre alcanzará una trascendencia que nunca hubiera deseado.
Es que Antonio, director de esa casa de estudios, fue violentamente agredido por un alumno de 14 años. Y no sólo por el adolescente. También la familia del chico se sumó al ataque, golpeándolo de tal manera que debió ser trasladado de urgencia al hospital Perrupato.
Lo que comenzó con una discusión entre estudiantes del nivel secundario, que luego fueron separados y enviados a sus hogares, concluyó con una reacción desmesurada hacia el sorprendido Casas.
“Nunca pensé que un alumno podía pegarme con tanta saña y rencor”, confesó aún dolido el directivo, quien lógicamente tuvo que tomarse unos días de licencia.
En solidaridad con el docente agredido, los profesores modificaron sus contenidos en los últimos días para reflexionar en cada curso acerca de lo ocurrido.
El viernes incluso no hubo clases para realizar una jornada donde se analizó esta y otras tantas situaciones de violencia, además de rever los protocolos de convivencia escolar.
En función de cómo ocurrieron los hechos, debería priorizarse concretar una reunión obligatoria con los padres. 
Muchas de estas conductas reprochables, entre ellas la falta de respeto hacia los docentes, tienen -por acción u omisión- el aval de los mayores.
Si en casa no se marcan los conceptos básicos para la vida en sociedad, no se puede esperar que sólo la educación formal sea la que cubra todo el espectro de la formación.
Llamativamente, lo que suele ocurrir es que los padres que por meses no se acercaron a hablar con maestros y profesores para saber cómo andan sus hijos, son los mismos que después ante una nota, un reto o un apercibimiento al chico, reaccionan al mejor estilo barrabravas.
El discurso políticamente correcto, y cada vez más endeble, de que en nombre de la contención hay que seguir permitiendo estos actos de violencia sólo engendra más violencia. 
E impotencia. Mucha impotencia. 

(Diario UNO, 21 de junio de 2015)
Cada aniversario de Diario UNO es necesariamente una mirada hacia atrás, para repasar y revisar tanto lo bueno como lo no tan bueno que hicimos en el recorrido, pero también –y he aquí lo que más nos entusiasma– para dirigir la vista hacia lo que vendrá. 
Es allí donde siempre existirá una nueva oportunidad para superarnos, a la vez que ese mañana puede representar una estimulante metáfora de lo que esperamos para la provincia.
Para este cumpleaños número 22, elegimos compartir con nuestros lectores 22 notas en las que los protagonistas son los jóvenes que trabajan para la Mendoza no ya del futuro si no del presente.
Un calificado espejo en el que bien podrían mirarse muchos de los candidatos que este año de numerosas citas con las urnas tendrán que ocupar lugares de conducción estratégicos.
Apostar por las nuevas generaciones, sin despreciar el valor de la experiencia y de los hacedores con oficio, es la principal garantía para que Mendoza dé ese salto cualitativo que todavía no logra concretar en toda su dimensión.  
En cada una de las historias y experiencias que compartimos en esta publicación hay una semilla real, concreta, esperanzadora, para visualizar una sociedad que ya se anima a sintonizar con la evolución de otros puntos del planeta.
Estos jóvenes nos enseñan, aún sin proponérselo, cómo esta provincia puede abrirse al mundo, dejando atrás el estigma de los montañeses que gustan aislarse de los demás.
En estos mendocinos de corta edad y largo futuro simbolizamos el espíritu de UNO: un diario joven que no deja de crecer y aprender en el día a día. 

(Diario UNO, 27 de junio de 2015)
La única forma de evitar que la discusión acerca del pase a planta de los contratados se repita año tras año es que de una vez por todas se transparente el ingreso al Estado.
El fenomenal crecimiento que viene experimentando la plantilla de empleados es directamente adjudicable a cada gestión, sea esta peronista o radical. 
Ninguno achicó, por lo tanto en mayor o menor medida ambas fuerzas políticas fueron responsables de engordar el staff del Ejecutivo provincial.
Y no estamos hablando de puestos claves 
en la salud, la educación o la justicia, si no en áreas u organismos considerados más permeables a la incorporación de militantes o 
personal no imprescindible.
En junio de 2011, el entonces gobernador Celso Jaque firmaba el decreto 1.112, que reglamentaba el régimen de concurso para ingresos o ascensos en el Estado. 
De acuerdo con esa normativa, se afirmaba que una vez publicada en el Boletín Oficial, “nadie más podrá entrar a la Administración Central o ascender en el cargo si no rinde el concurso...”.
Sin embargo, pese a la letra fría, la situación no varió y el Estado siguió engrosando su osamenta.
Uno de los puntos de convergencia en los debates protagonizados por los dos principales candidatos a gobernador, Adolfo Bermejo (FPV) y Alfredo Cornejo (UCR), ha sido el necesario ordenamiento del Estado en materia de personal.
Para el peronista, no se trata de echar empleados si no de hacerlos trabajar más y mejor. Para el radical, hay que garantizarle el puesto a aquellos que trabajan y prescindir de los ñoquis.
Ayer, el oficialismo impuso su mayoría en la Cámara de Senadores y consiguió la homologación de los acuerdos paritarios.
De esta manera se ratificó la incorporación de 1.000 contratados, pese a los planteos puntuales del radicalismo para condicionar a aquellos casos vinculados a cargos políticos.
Sellado lo acordado en su momento en paritarias, la discusión queda nuevamente habilitada para lo que vendrá.
Sincerar que el problema de fondo no es la cantidad si no el para qué, es clave para definir qué modelo de Estado queremos para la provincia. 

(Diario UNO, 10 de junio de 2015)
El culto a la personalidad está dejando en un peligroso segundo plano a las palabras y, sobre todo, a los hechos.
En tiempos donde lo que no se mediatiza pareciera no existir, por lejos resulta más importante el personaje que la persona.
La noticia es el quién y no el qué. Entonces, todo queda reducido a un blanco o negro que elimina el punto medio. La posibilidad de los matices.
Hace unos días, Luis Novaresio (América, La Red) hacía un mea culpa y reconocía que se estaba tornando una mala costumbre que el periodista sea el centro y no el intermediario de una noticia.
Con énfasis, el comunicador reclamaba: “Creo que tenemos que dejar el ego un poco de lado y permitir que el protagonismo lo vuelva a tener la información”.
La autocrítica, realmente infrecuente en los medios, salió de boca de tal vez uno de los más respetuosos colegas que se ven y escuchan en la actualidad.
La brecha que tanto ha marcado a quienes se posicionan a favor o en contra del gobierno de Cristina Fernández, se instaló como concepto hasta en los temas más intrascendentes. 
Así, cualquier discusión deviene en un furioso Boca-River, ya sea para evaluar si un Martín Fierro fue merecido; un árbitro cobró mal un penal; o si la actriz tal iba mal vestida a un evento súper vip.
El problema no es la discusión ni el debate. Lo es que las ideas -en caso de haberlas- quedan invalidadas por la descalificación personal. 
El “qué hablás vos si trabajás en...” deja en evidencia que no se evalúa lo que se dice si no quién lo dice.  
De esa forma, cualquier expresión que provenga de alguien que ya fue tachado de K o anti K, no tendrá ninguna posibilidad de ser debidamente considerada.
Esa permanente antinomia desgasta, frustra y produce un distanciamiento social que a la larga daña más de lo que se cree.
Recomponernos de ese divorcio es una tarea colectiva que en mucho involucrará a quien maneje los destinos de la Argentina post Cristina.
Ese dañino personalismo no es sólo patrimonio de los periodistas. También en la política, el deporte y la cultura, entre otros tantos rubros, refulgen más los nombres y su impronta que lo que en realidad producen o generan en lo suyo.
Todos precisan (precisamos) ese baño de humildad del que hablaba la Presidenta y del que, paradójicamente, ella se excluyó. 

(Diario UNO, 15 de junio de 2015)
Justamente en y con el diario del lunes, podría decirse que no fue sorpresa. El contundente triunfo de Alfredo Cornejo confirmó que las PASO son lo más parecido a una encuesta fidedigna, de esas que no pagan los candidatos y están fuera de toda sospecha. 
Por pereza o convicción, una vez que el votante eligió, difícilmente cambie su voto en las generales. De esto puede dar fe el frente Cambia Mendoza. De aquellos 4 puntos que lo separaban del FPV en las primarias, la diferencia se amplió a X. 
Cornejo confirmó las bondades de la alternancia al recuperar para el radicalismo el manejo de la provincia, tras 8 años en manos del PJ, y se convirtió en el 9º mandatario desde la vuelta de la democracia en 1983.
En la campaña, el actual cacique de Godoy Cruz dio pistas de lo que pretende para Mendoza. Una de sus prioridades, además de la seguridad, será poner en caja el Estado. Una jugada no exenta de riesgo, dado que los gremios del sector público no resignarán las conquistas alcanzadas. Una cosa es querer marcar la cancha desde la oposición y otra muy distinta jugar el partido, armar el equipo y, sobre todo, acertarle al arco.
Antes de recibir la banda tendrá otro desafío: convivir pacíficamente con Paco Pérez los casi 6 meses que le quedan de gestión al peronista, quien aspira a un lugar en el Parlasur. 
Siendo ambos de pocas pulgas, no será una transición sin chispazos. 
Sin embargo, hoy darán la primera señal  de concordia. Se verán las caras a solas para empezar a desandar el camino hacia el 10 de diciembre. Es que las soluciones a los temas 
urgentes no pueden esperar la foto del recambio. Pérez y Cornejo están compelidos a pasar del diagnóstico a la acción. O en criollo: de las palabras a los hechos. 

(Diario UNO, 22 de junio de 2015)

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